lunes, 10 de junio de 2019

Sodoma


No suelo leer libros sobre temas eclesiásticos. En primer lugar porque buscan el sensacionalismo. En segundo lugar porque suelen ser poco rigurosos o se limitan a describir cuestiones muy especializadas y puntuales; sin embargo, he leído ´Sodoma` de Frédéric Martel, un libro publicado hace algunos meses que me ha dejado un buen amigo con insistencia de leerlo.  Y así lo he hecho.
El libro está bien escrito, estructurado de una forma amena, con ciertos pasajes que recuerdan más una novela que un ensayo; pero se trata de un estudio profundo y meticuloso sobre la homosexualidad y sus consecuencias en el seno de la Iglesia Católica y, más en concreto, en el ámbito puramente eclesiástico, en la institución eclesiástica, pues la Iglesia Católica es algo más que sus papas, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos, monjes y monjas. Por tanto, no es un libro contra la Iglesia Católica, como han dicho algunos críticos, sino contra determinados elementos y prácticas de la institución. Y claro, ahí, en esa institución bimilenaria y bien engrasada, hay de todo. Santos y golfos, sabios y bobos, heterosexuales y homosexuales, clérigos honrados y dignísimos, y auténticos delincuentes.
´Sodoma` no es un libro agradable de leer y, por consiguiente, no es recomendable "para todos los públicos". Contiene pasajes claramente ofensivos y no contrastados, opinión más que análisis objetivo, y cierto sensacionalismo junto con descripciones novelescas que le restan credibilidad puesto que resulta imposible demostrar lo que afirman. Estos son los fallos que le he encontrado, junto al intento --probablemente inconsciente- de su autor, por adornarse y atribuirse una importancia que no es tal, pues existe una amplia bibliografía sobre la historia de la Iglesia, donde se habla de todo. 
A pesar de estos ´peros`, ´Sodoma` es demoledor. Constituye en su conjunto un argumentario que refleja una parte clave para entender la realidad de la institución eclesiástica. Aunque solo el 10% de lo que afirma su autor fuera cierto, bastaría para producir nauseas. En efecto, por sus páginas nos enteramos de aspectos sí contrastados y confirmados incluso por el propio Vaticano, como el caso Marciel Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, y otros casos de obispos y cardenales a los que el autor dedica una atención profunda y ofrece datos contrastables.
También habla de la pederastia, la homosexualidad de muchos clérigos e incluso de papas, de la doble vida que llevan numerosos sacerdotes y religiosos, bien practicando su homosexualidad o heterosexualidad, etc.
Al acabar de leerlo uno se queda con sensación de tristeza, gran tristeza, dada la crudeza de lo narrado y el aspecto absolutamente anticristiano que impera en determinados sectores de la Iglesia Católica. Pero lo más triste no es lo narrado por Martel, sino constatar que -y esto puede hacerse sin leer dicho libro- que la institución eclesiástica ha ocultado sistemáticamente hechos muy graves y que lo sigue haciendo, solo actuando a remolque de la información publicada por los medios de comunicación y en las redes sociales. Lamentable.
El papa Francisco aparece casi como un héroe, intentando poner fin a prácticas antievangélicas y que pueden ser juzgadas no solo por el código de derecho canónico, sino por el código penal. Pero lo tiene difícil. Un papa que quiere poner en práctica el evangelio es un papa poco querido en los círculos políticos vaticanos. 
¿Serán los laicos los que arreglen el desaguisado? El tiempo lo dirá.

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