Sin deseo todo es libertad


Deseo no desear. Me educaron en la austeridad. Soy de una generación que ya va quedando atrás. Pasado mañana, como quien dice, el calendario se habrá terminado para mí. Entonces me esfuerzo por avanzar una estación más en el camino que conduce a la morada eterna, aunque al fin y al cabo ya sabemos que después de todo, nada, como dejó escrito san Juan de la Cruz.
Esa nada produce espanto y pocos la encaran plenamente conscientes; pero ya nos dijo Jesús que había que ser como niño para entrar en el reino de los cielos (Marcos 10,13-16). Tal vez ahí radica el secreto: El niño no manifiesta el miedo del adulto. No percibe las amenazas que le rodean con esa capa de temor prudente y racional. Los adultos sí. 
La nada es plenitud si nos despojamos del miedo; sin embargo, llegar a dicha certeza requiere de una absoluta confianza. ¡Confío! Fácil de decir… pero ¿lo interiorizamos?

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