sábado, 25 de mayo de 2019

Salamanca, economía, eutrofización y una hamburguesa vegetal

Conjunto catedralicio de Salamanca, con el río Tormes en primer término.

Estar en Salamanca y pasear por sus calles es todo un lujo. Como dije en la postal de ayer, he venido a la "ciudad del Tormes", una de ´mis` ciudades. La verdad es que me quedaría aquí siempre. Tomo prestadas las palabras de Cervantes; "Salamanca, que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado". (El Licenciado Vidriera).
En Salamanca cabe todo: arte, cultura, gastronomía, un casco histórico espectacular, buen ambiente...
Llego a la ciudad y la plaza bulle, como siempre. Es contagiosa esa alegría urbana y la plaza mayor te atrapa nada más llegar. He estado millones de veces en ella, en sus cafeterías, pisando el empedrado, de mañana, de tarde, de noche... esa plaza es mágica.
El paseo matinal lo hago con mi hijo, ya acabando un máster que ha hecho muy a su pesar después de estudiar matemáticas. Digo muy a su pesar porque los estudios de postgrado en España, salvando excepciones, no sirven para gran cosa.  La mayoría de ellos son impartidos por los mismos profesores de las asignaturas cursadas durante la carrera. Hay poca conexión real con el mundo laboral, las prácticas constituyen un auténtico abuso y no se aprende prácticamente nada. En suma, son una vergüenza.
Mi hijo quería dedicarse al mundo de las finanzas, investigación operativa, análisis de cuentas, proyecciones y todas esas cosas. Hizo las prácticas en una entidad bancaria de Madrid (en Castilla y León, como en la mayoría de las comunidades autónomas, es imposible hacer nada). Estuvo tres meses viendo el funcionamiento del mecanismo económico y sí, aprendió algo, que ese mundo de bancos, finanzas, seguros, etc., da auténtico asco. Que todo es un engranaje perfectamente montado para mantener un sistema económico que hace agua por todas partes y favorece a los poderes de siempre y a los que mueven los hilos de la economía mundial. Mi hijo se convirtió así en un escéptico. Y ya no quiere orientar su futuro profesional por esa  senda. Prefiere hacer algo más apegado a la realidad, ofrecer su talento a cosas más provechosas. Tendrá que irse de España, claro. Aquí o tienes un enchufe, o intentas ser funcionario, o encuentras trabajos de mierda, por muchos títulos universitarios que acumules. Que se lo pregunten a los trabajadores de las grandes superficies comerciales, por ejemplo, la mayoría graduados universitarios ganando salarios casi de hambre como cajeros o reponedores de productos en las estanterías, trabajos, por cierto, que acabarán desapareciendo...
Y así, conversando sobre finanzas, trabajo, economía internacional y algo de política, fuimos pasando una parte del tiempo.

Con mi hijo, más guapo, más alto, más fuerte y más listo que yo, naturalmente.


Después ya nos dejamos de tanta cháchara y disfrutamos de la ciudad. Nos acercamos a la ribera del río Tormes, ´eutrofizado` y maloliente (ya hablaré de ello) contemplamos el imponente conjunto catedralicio, paseamos por el puente romano y vimos las obras del nuevo complejo hospitalario que están muy adelantadas. Dicen que aún faltan un par de años para que se inaugure. Será probablemente el centro médico más grande de toda la región.


Obras de ampliación del complejo hospitalario


Más tarde comimos algo así como una hamburguesa vegetal, por aquello de probar de todo, forraje puro. No estaba mal; pero yo prefiero un buen asado. A la media hora ya tenía un hambre espantosa.
Hoy no sé qué deparará el día, primaveral, con temperatura agradable... creo que me llevarán a la sierra de Francia... al sur de Salamanca. Otro rincón de nuestra geografía para perderse y disfrutar. Es lo que tienen Salamanca y España en general, que todo es bonito, o casi.

Hamburguesas vegetales... se las regalo a los ´veganos`.

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