lunes, 27 de mayo de 2019

Naturaleza maltratada


Durante toda mi vida he trabajado activamente por la conservación de la naturaleza. A los 17 años ingresé en la Asociación para la Defensa de la Naturaleza, filial española de WWF. Y pocos meses después organicé en Valladolid un grupo de socios juveniles que empezamos a hacer nuestros pinitos en materia de conservación. La primera actividad fue una recogida de basura en “El Pinar de Antequera”, espacio verde de pino piñonero a siete kilómetros escasos de la ciudad. Allí convocamos a chavales de diferentes colegios y fue un éxito. Ofrecimos charlas, recogimos cientos de kilos de basura y pasamos un día de convivencia.
Desde entonces, he realizado numerosas actividades en defensa de la naturaleza, junto con otras personas comprometidas y en diversos foros, instituciones, asociaciones, etc.
Después de 40 años de dedicación a la causa medioambiental observo con preocupación que seguimos casi igual, en cuanto a mentalidad se refiere. La gente -no digo todos, pero sí mucha gente- sigue tirando basura, sigue sin respetar la naturaleza, sigue haciendo caso omiso de las recomendaciones sobre conservación ambiental, sigue pensando que la naturaleza es un medio ilimitado que siempre tendremos a nuestra disposición.
Se potencian acciones educativas, la llamada “educación ambiental”, se legisla y se crean mecanismos de conservación; pero todo es como un espejismo. Cada vez hay más deterioro de los ecosistemas, más destrucción gratuita de espacios naturales, más urbanización y carreteras, vías férreas, etc. Se puede argumentar que es el precio del progreso. Es cierto, la humanidad progresa, más ciudades, más industrias, más turismo invasor, más de todo; pero el precio es demasiado alto y el deterioro de numerosos sistemas biológicos es irreversible. Incluso se forman “ecosistemas artificiales” por la acumulación del plástico en los océanos. Los pesticidas utilizados en agricultura se han extendido por todo el mundo. Todos los ingerimos de una u otra forma. Los incendios forestales carbonizan bosques centenarios que son repoblados por especies arbóreas de crecimiento rápido y fácil explotación. La sobreexplotación de la pesca está diezmando las poblaciones de peces de todas las especies y destruyendo los fondos marinos. Cada día se extinguen decenas de especies animales y vegetales, muchas de ellas sin catalogar ni describir. Y un largo rosario de destrucción.
¿Somos tan obtusos para no darnos cuenta del daño que hacemos? ¿No nos damos cuenta de que la alteración de la naturaleza conlleva el empeoramiento de nuestra salud y la aparición de nuevas enfermedades que se propagan con rapidez?
Parece ser que solo nos interesa el negocio, el dinero, el crecimiento sin más.
Alea jacta est.

No hay comentarios:

Publicar un comentario