El sistema democrático occidental en los países árabes


Que se lo digan a los egipcios, tunecinos y libios, por ejemplo. Nuestro sistema democrático, imperfecto, como todos los sistemas políticos, es adecuado para países occidentales que han prosperado sobre la base de una crítica política continuada a lo largo de la historia y con unas bases sociales diferentes. No así en aquellos países islámicos, los cuales se han construido históricamente sobre la ley islámica o sharía. 
Las fallidas "primaveras árabes" impulsadas por USA y aliados no contribuyeron a la extensión de la democracia y sí a la destrucción de la convivencia -precaria y con abusos de sus dirigentes en algunos casos, es cierto- la emergencia de una violencia incontrolada y, como en el caso de Libia, Irak y Siria, a la guerra abierta. Además, siempre queda abierta la cuestión de quiénes somos nosotros, países ricos del mundo occidental, para intervenir en los asuntos internos de otros países. Es un tema espinoso y controvertido. La intervención en otros países ha sido casi siempre desastrosa y suele implicar un elevado coste en vidas humanas, casualmente entre la población más desfavorecida y pobre.
Por otra parte, muchos ciudadanos de países musulmanes no desean una democracia al estilo occidental. La ven como un sistema político perverso que les aleja de sus tradiciones y creencias religiosas. Prefieren líderes capaces de dirigir el país con firmeza. Esto, que a nosotros, ciudadanos del mundo libre, como les gusta decir a muchos políticos, nos parece casi una barbaridad, resulta de lo más normal en gran parte del mundo musulmán. 
Marruecos, por ejemplo, es un país de tradiciones muy arraigadas y conservador en lo moral, lo cual no le ha impedido realizar reformas importantes que lo convierten en el más abierto a la democracia del conjunto de países islámicos. No en vano se está tomando como modelo a seguir. El rey Mohammed VI ha sabido equilibrar el respeto por el islam junto con la apertura a la modernidad, en un proceso lento y seguro de transformación social. Creo que es el camino adecuado. 

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