viernes, 24 de mayo de 2019

De hospitales y ciudades



Estos últimos días en Valladolid los estoy pasando metido casi a diario en el hospital, con un tío muy mayor que tiene todo tipo de patologías. Normal, con noventa y tantos años la patología por excelencia es seguir vivo; pero como él aún se preocupa por las cosas del mundo y tiene una curiosidad juvenil contagiosa, pues ahí sigue, arrastrando distintas enfermedades más o menos compensadas y controladas. Pero la visita a diferentes servicios del hospital se ha convertido en una rutina.
Yo voy con él sabiendo que tal vez sean pocos los días que pueda disfrutar de su compañía. Hablamos, habla más bien, y me hace su análisis sabio sobre la realidad de España y del mundo mundial, como diría el otro. No necesita acudir a tratadistas, politólogos, filósofos y demás ´expertos`. Como tantos hombres y mujeres, la experiencia acumulada durante nueve décadas largas de vida lo convierte en sabio, a su manera; pero sabio al fin y al cabo.
A mí me vienen muy bien esas conversaciones, aprendo, comparo, veo otras perspectivas y me reafirmo en las ideas que he ido fraguando durante mi vida, ya casi con seis décadas a mis espaldas.
Hoy descanso de hospital y me acerco a Salamanca, mi otra ciudad. Soy salmantino vallisoletano. En la primera nací accidentalmente, de viaje, cosas de mis padres, en la segunda me crié y viví durante muchos años. Valladolid me gusta por sus amplias avenidas y la tranquilidad que se respira. Salamanca por el ambiente juvenil y bullanguero, y por su  casco histórico absolutamente espectacular. A su manera, son dos ciudades complementarias, no podría decantarme por una u otra, aunque si tuviera que elegir dónde disfrutar de una agradable velada, diría que en la plaza mayor salmantina.
Durante nuestra vida solemos acumular experiencias urbanas, no necesariamente de la misma ciudad. Dos de mis hermanas, por ejemplo, siempre han vivido en Valladolid, no disponen de otras experiencias más que la visita ocasional y turística a tal o cual lugar, ciudad, pueblo,... eso no deja poso.
Yo me considero salmantino, y vallisoletano; pero también soy de Boston, en USA, y de Vilnius, en Lituania. Y, por supuesto, de Dajla, en el Sahara. En todas esas ciudades he vivido, he sufrido, he amado, he tenido vivencias inolvidables. Constituyen parte de mi patrimonio personal e intransferible. Sé que cuando muera morirá conmigo y me llevaré a la tumba ese acervo vital. O quizá escriba una autobiografía. No sé.

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