Agua en el Sahara

Cauce del río Saqiyat al-Hamra, a su paso por la ciudad de El Aaiún.

Estaba el otro día en plácida tertulia con un par de conocidos, cuando uno de ellos, famoso por su sabiduría y conocimiento de prácticamente todos los fenómenos de la naturaleza, soltó la siguiente memez: "En el desierto del Sahara no hay agua". Como soy dado al diálogo y al razonamiento, en vez de enviarlo a hacer puñetas, a ser posible en el desierto, le pregunté que dónde había leído semejante sandez. Me espetó un "en el National Geographic", reforzando así su criterio de cuestionable autoridad. Bueno, no voy a explicar aquí todo el argumental que ofrecí a los dos pollos sobre tamaña ignorancia; pero sí puse en duda que esa revista publique una falsedad de tal calibre.
En efecto, entre la gente no entendida o mal informada,  al Sahara le atribuyen extrema sequedad y prácticamente sin vida. De ahí frases coloquiales tipo "eres más seco que un desierto", o "esto está más vacío que el desierto",o "la oración del desierto", dando por hecho que en ese sitio hay soledad, paz, tranquilidad, soledad, etc.
La realidad es que es todo lo contrario. La precipitación media en el Sahara es pequeña, cierto, en torno a los 592 mm/año; pero hay que tener en cuenta su diversidad ecológica y su extensión, la friolera de más de nueve millones de kilómetros cuadrados, que se dice pronto, casi veinte veces el tamaño de España, presentando ocho ecorregiones bien definidas con características propias y regímenes de lluvias muy diferenciados.
En su franja occidental, bañada por las aguas del Atlántico, el nivel de humedad es considerable y las lluvias son fuertes durante esa estación, generalmente entre agosto y diciembre, alimentando ríos de aguas estacionales o el cauce del río Saqiyat al-Hamra, entre otros.
Por otra parte, existen enormes bolsas de aguas subterránea salada y dulce, según su profundidad y ubicación.
Qué decir de su fauna, con más de 250 especies de vertebrados, y su flora, cuyo catálogo superar las 500 especies, muchas de ellas medicinales. Por no hablar de regiones donde proliferan las acacias y otras especies arbóreas, así como las herbáceas, formando verdaderas praderas tipo sabana, como es el caso de la penillanura del Tiris...
El desierto no es solo arena y dunas. Hay montañas, oasis, formaciones geológicas espectaculares, una rica vida que se hace presente en cada rincón.
En fin, el supuesto erudito en naturaleza y medio ambiente siguió con su perorata afirmando que eso eran ´islotes` en el inmenso desierto, y un largo etcétera de medias verdades. Acordamos mantener otra conversación llevando pruebas de nuestros argumentos. Quedamos en el mismo sitio, a la misma hora, al día siguiente. Yo había preparado unas doscientas fotografías para darle testimonio de la biodiversidad del Sahara; pero él no se presentó. Su amigo me dijo que estaba con algo de fiebre... no me extraña, sería cosa del calor sahariano...



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