Una tarde con Phosphorescent


Mis días  tienen dos partes muy diferenciadas: empleo las mañanas en temas ´externos`, es decir, suelo dedicarlas a los demás: reuniones, visitas, temas profesionales, cuestiones diversas, y las tardes / noches a desarrollar mi esfera personal: meditar, contemplar, escribir, disfrutar de la música, dibujar, trastear, aburrirme, pasear, dormir,... no siempre es así, claro. A veces surgen contratiempos que me trastocan el día; pero a medida que voy envejeciendo (todos envejecemos pero a partir de los 50 se nota más) soy más dueño de mi tiempo, lo cual no es poco. Diría incluso que es todo un lujo.
El caso es que esta tarde, después de escribir un artículo sobre salud global y preparar un índice provisional para mi próximo ensayo, además de subir algunos comentarios a las redes sociales y dejar en ellos un par de vídeos, tenía la intención de acercarme hasta la orilla del río Pisuerga; pero se ha quedado en intención pues no ha parado de llover, además del frío que ha vuelto con fuerza. Descarté pronto el paseo ribereño y me he quedado en casa. Como  no podía ser de otra forma he puesto música.
Mi relación con la música es extraña, o eso creo. Unas veces no paro de escuchar todo tipo de géneros musicales, con preferencia por la clásica y la ópera, y otras me olvido y puedo estar así durante meses. No tiene que ver con estados anímicos pues vivo en la dicha del instante, que es un punto diferente a la felicidad... el caso es que últimamente pongo música incluso cuando necesito la máxima concentración.
Hoy, después de escuchar unas piezas de gregoriano interpretadas por los monjes de Silos, me decido por Phosphorescent, nombre artístico de Mattew Houck. Un buen cambio. 
La verdad es que  Houck siempre me conmueve. Su música es profunda y cautivadora. Me resulta uno de los mejores cantautores norteamericanos del momento, máxime porque creo que no está mercantilizado. La prueba es que pasaron cinco años entre "Muchachos", un conjunto magnífico y "C´est La Vie", el disco que he escuchado antes.
Así entre canción y canción me llega el olor de la tierra mojada y el sonido relajante de la lluvia al repicar contra un tejadillo de zinc. Placeres cotidianos.


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