viernes, 5 de abril de 2019

Reflexión sobre la Renta Garantizada de Ciudadanía


La dependencia de una administración pública suele acarrear un abanico de situaciones pintorescas que bordean a veces lo grotesco. Digo dependencia en aquellas situaciones de vivir gracias a la ayuda económica, llámese salario de inserción, renta activa, renta garantizada o como se conozca la susodicha caridad en cada comunidad autónoma. Aquí, en Castilla y León, es renta garantizada de ciudadanía. Se otorga -previa petición del interesado y evaluación por parte de los servicios sociales- a aquella persona o familia que no dispone de ningún tipo de ingreso, ni tan siquiera el subsidio por desempleo; o sea, que están, como decíamos antes, "con el culo al aire".
Estas ayudas quieren paliar en alguna medida la penuria económica. Claro está, no suelen paliar nada, pues su cuantía está en los cuatrocientos y pico euros en mi región; pero en otras es inferior. Se supone que con ese dinero tienes que vivir; es decir, comer, pagar un alquiler, facturas de agua y luz, etc. Bien se sabe que esto es imposible. Dicho de otra forma, los beneficiarios son en realidad perjudicados, pues es fácil entrar en una espiral de despropósitos y absurdos. Muchos ´complementan` la ayuda con chapuzas a domicilio (pagadas en ´negro`, por supuesto), o se dedican a la mendicidad más o menos encubierta... es que la persona que disfruta de estas ayudas no puede ejercerla, bajo amenaza de supresión de tal ayuda... todo está regulado, inspeccionado, vigilado, hasta la actividad en el peldaño más bajo de la pirámide social. Así, la persona excluida social es doblemente excluida, una por su propia situación de carencia sobrevenida vete a saber de qué manera, y la otra por unas leyes y reglamentos que pretenden coartar todo tipo de iniciativas. Y así seguimos.
Ahora en España el partido en el gobierno desea extender más estas ayudas sociales, ampliar las coberturas, etc. No son más que migajas, un canto de sirenas enfocado a las elecciones generales que se celebrarán a finales de este mes. En realidad, combatir la exclusión social requiere de medidas laborales concretas, flexibilidad para trabajar sin que te acribillen a impuestos desde el primer minuto, incluso sin haber obtenido ningún beneficio, menos mangoneo en las administraciones regionales y ayuntamientos, etcétera. Que se lo pregunten a los autónomos, obligados a pagar desde el mismo instante de darse de alta. Y así seguimos.
En algunos países se hacen experimentos en torno a rentas sociales, algo así como un salario de mínimos para todos los ciudadanos que garantice cierta dignidad a la gente. ¿Se puede hacer? Claro que sí. En España bastaría con combatir eficazmente el fraude fiscal, y todos esos miles de millones que hoy por hoy se esfuman, darían para el salario social y para otras muchas iniciativas.
Los críticos con estas medidas dicen que esos subsidios generan desidia y vagos. No lo veo así, pues todos queremos prosperar y vivir mejor, tener más recursos y medios. Conformarse con lo mínimo no resulta adecuado en el mundo actual, salvo para los que hacen del desprendimiento la única opción válida para vivir, como diría mi admirado Carlos de Foucauld, trabajar para comer, no para tener y acumular más y más.
Y así seguimos...

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