Poesía en redes sociales

Captura fotográfica parcial de la noticia del diario "El País", edición del 26/04/2019

La poesía es la fuente original de todo pensamiento. Su importancia se captura en el propio ser, que hace que cada apariencia y superficialidad cobren un significado profundo.
De hecho, para comprender y apreciar la belleza del día, del amanecer, es necesario saber cruzar las profundidades de la noche... para entender la estructura profunda del mundo es preciso transitar por experiencias que requieren de tiempo. No existe un encantamiento más auténtico para el corazón y el intelecto que sumergirse en la creación poética.
El espíritu poético puede ejercer de metafísico tan solo con un silencio que se torna creativo al tomar forma mediante el lenguaje. 
Suelto esta parrafada para analizar eso que se está denominando ´parapoesía`, una especie de poesía alternativa, o más bien una nueva realidad pergeñada en las redes sociales. ¡Ay madre, las redes sociales!

Leo una interesante noticia en el diario "El País", en torno a este asunto. Ha tenido lugar un encuentro titulado "Poesía 4.0" donde poetas,críticos y demás interesados reflexionaron sobre el asunto, que no es otro que analizar por dónde van los tiros poéticos, o más bien los canales para divulgar la creación poética. La cosa está clara para los participantes: redes sociales. Pero si nos adentramos en la realidad enredada de Internet nos daremos cuenta de algo palpable: las redes son la excusa, lo importante y fundamental está en el negocio que pueden mover estos poetas internautas. Conste que no tengo nada en contra de dicho fenómeno. La expresión poética es susceptible de ser canalizada por cualquier medio. Pero me resulta chocante, por ejemplo, que algunos poetas arrastren decenas de miles de seguidores en esas redes, cuestión que es aprovechada por las editoriales en busca de nuevos nichos de mercado y, mira por donde, ahora la poesía divulgada gracias a esas plataformas tecnológicas representa un buen negocio editorial. No me parece ni bien ni mal, solo lo señalo. Aunque apunto que nada es casual en estos asuntos y que, de alguna forma, una dirección oculta mueve los hilos mercantiles al amparo de la espontaneidad supuesta de estos jóvenes poetas que publican un día sí y otro también sus poemas para verlos más tarde convertidos en poemarios editados en papel, libros que se venden por miles. 
Me huele a chamusquina, tal ver porque me entra cierta envidia, sí, lo reconozco. A mi generación Internet nos pilló siendo adultos, y esto de las redes sociales ya maduros, es decir, "adultos maduros", lo cual nos ha hecho intentar entender las nuevas tecnologías y adaptarnos a ellas con desigual fortuna. 
Confieso que he tenido presencia en casi todas las redes sociales, a veces por simple curiosidad y otras debido a presiones sociales originadas por aquello de "es que todos -compañeros, amigos, familia- estamos ahí". Muchas veces, precisamente porque todos están ahí, resulta preferible no estar. Así, igual que me creé cuentas en redes sociales, también las eliminé y ahora mantengo dos, que no sé el tiempo que estaré en ellas.
Hay escritores y poetas que ignoran este fenómeno, y creo que hacen bien. José Carlos Llop, autor que acaba de publicar "Oriente", un relato sobre el amor, el lenguaje y la pasión, afirma en una entrevista reciente que "no pertenezco ni he visto nunca  nada Instagram, Facebook o Twitter, no quiero saber nada de ellos. Soy de un mundo antiguo y no vivo mal en él". Otros, por el contrario, como Arturo Pérez Reverte, mantienen una actividad frenética en esas redes. 
En cualquier caso, resulta evidente que está cambiando -ha cambiado ya- la forma de comunicarnos y la poesía no podía quedar fuera de este paradigma, si se puede expresar así.
Ahora yo no publico poemas en Internet. Defiendo la poesía en papel porque permanece, queda fija, se puede volver una y otra vez sobre ella. Además se enriquece con el tacto, el libro, para muchos lectores es la única forma real de disfrutar de la lectura. Los poemas divulgados en redes sociales generalmente desaparecen, son efímeros, los seguidores quieren "carne fresca" cada día, devoran compulsivamente todo lo que se publica, sea texto o imagen, o ambos. Estos poetas enredados con legiones de seguidores se ven forzados a practicar el ingenio diariamente, casi cada minuto..., la verdad, tiene que resultar agotador. 
Creo que la poesía sigue teniendo en la expresión escrita su verdadero campo de prueba, su fortaleza y su perennidad. 
Coger de aquí y de allá, postales y mensajes en redes y convertirlos en libros puede ser una interesante estrategia de marketing editorial, pero se lo llevará el viento y, como diría Harold Bloom, admirado crítico literario, "el tiempo convierte en basura todo lo que no es genial".  Pues eso.

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