martes, 16 de abril de 2019

Orines de perro, aromas urbanos


En los últimos años se han multiplicado el número de mascotas en las ciudades. Me interesa hablar del perro como mascota puesto que sus huellas no pasan desapercibidas para el resto de los ciudadanos.
Para no andarme con rodeos diré que no me gusta tener mascotas en mi casa. Por una sencilla razón: ensucian y tendría que emplear tiempo y dinero. Prefiero dedicar esos recursos a la contemplación perdiéndome por Las Batuecas (Salamanca), por ejemplo, donde estoy en buena compañía de la fauna silvestre. No digo que no me gusten los animales. He sido siempre defensor de la vida salvaje, desde niño. La culpa de esta inclinación fue de Félix Rodríguez de la Fuente y sus programas divulgativos en la televisión española. Siempre he estado vinculado a la defensa de la fauna, la flora, los hábitats naturales. Y no en vano pertenezco a la Sociedad Internacional de Economía Ecológica.
Pero para mí el tema de las mascotas es asunto diferente. Si tuviera una casa en el campo, con césped y terreno suficiente, seguramente acogería uno o varios perros, gatos, etcétera; sin embargo, no es así.  Entiendo que mucha gente adore tener mascotas en el piso y lo respeto. Simplemente lo único que pido es que ejerzan su derecho con responsabilidad.
En muchos vecindarios hay verdaderas disputas por los ladridos de los perros durante las noches. No digo que sea cada día, que no lo es, aunque sí frecuente. Tuve un vecino cuyo perro, de raza caniche, se pasaba las noches ladrando. No hubo forma de convencer al dueño para que hiciera algo, educara al animal (lo que resulta obligatorio para una convivencia sana y pacífica) y le corrigiera el hábito de ladrar. Imposible. Finalmente la comunidad de vecinos lo denunció.
¡Qué decir de algunos dueños de perros que los pasean por las calles y no recogen los excrementos! Lo veo con frecuencia. No son todos, por fortuna. Muchos propietarios saben educar a sus mascotas o los llevan a centros específicos para tales menesteres.
Se podría hacer en mi barrio un censo de excrementos caninos. Y capítulo aparte merece el tema de la orina. Los perros, de suyo, marcan territorio, identifican olores y se comportan en función de estímulos olorosos, entre otros. Orinan aquí y allá y si se les permite no tienen inconveniente en dejar su huella en portales, aceras, esquinas, paredes, árboles,... ellos no saben; pero sus dueños sí.


En algunas ciudades españolas están muy sensibilizados respecto a este tema. Por ejemplo, en Las Palmas de Gran Canaria los propietarios de perros llevan los elementos propios de limpieza, esto es, bolsa de excrementos y -algo muy importante- un spray o frasco pequeño con un producto desinfectante que elimina también el olor. Cuando el animal defeca, su dueño recoge el residuo y aplica el líquido. Si hace pis, procede de igual forma. En fin, es una simple medida higiénica eficaz y sencilla.
Por último, hay que dar un fuerte tirón de orejas a los servicios municipales de limpieza. Existen sistemas que eliminan residuos orgánicos, malos olores y desinfectan. En mi región he visto aplicarlos en las calles céntricas de las ciudades de manera habitual, no así en los barrios. En el barrio en el que vivo en este momento no he visto este servicio público en casi dos meses que llevo residiendo en él, tiempo en el que apenas ha llovido y por consiguiente las calles no se han limpiado "de forma natural". Resulta obvio afirmar que si existen muchas mascotas paseando por las calles y algunos dueños no ejercen como ciudadanos que cuidan la higiene urbana, se tendría que limpiar con más frecuencia dichas calles, ya que la educación de dichos poseedores de mascotas brilla por su ausencia.
En el Valladolid de mi niñez recuerdo que el olor principal provenía del "Campo Grande", amplio espacio verde y pulmón de la ciudad. Daba gusto. Incluso años después, cuando me fui de la ciudad y volvía de vez en cuando lo primero que percibía al llegar a la estación de trenes era ese aroma característico de la ciudad. Ahora lo primero que percibo cuando vengo es el olor a pis. Esperemos que sea algo pasajero y el ayuntamiento tome cartas en el asunto.

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