Nuevo horizonte sin algoritmos al acecho


Estaba ayer paseando a última hora de la tarde con mi hermana por las calles de Valladolid y, frente a la iglesia de san Pablo quise pararme para hacer una fotografía de su fachada. Tengo unas cuantas; pero en esa ocasión la luz invitaba a hacer una nueva instantánea. Y lo que son las cosas, cuando vi la foto comprobé que había quedado plasmada la silueta de una paloma volando. La verdad es que ni mi hermana ni yo nos dimos cuenta de que el ave cruzaba en ese preciso instante frente a nosotros. Y si la hubiéramos visto, ni por asomo hubiera captado la imagen a propósito. Pero así quedó como se puede apreciar en la foto que acompaña este comentario.
Este hecho fortuito me permite vincularlo con otro más importante: mi futuro inmediato. Esta circunstancia me hizo reflexionar sobre mi vuelo vital, o más bien del siguiente paso en mi singladura, que no es otro que abandonar ciertas prácticas insustanciales y sí muy contaminantes que he venido desarrollando en los últimos años.
En ese tiempo he mantenido hasta cuatro redes sociales. La verdad es que no sé la razón. Se supone que en un principio se está en las redes por afinidad con seguidores y seguidos, por tener amistades reales ocupando el mismo espacio, por informarse de esto o lo otro, incluso por mera curiosidad. ¡Pérdida de tiempo! Las redes sociales proporcionan muy poca información importante y sí un entretenimiento insustancial, además de representar algunas de ellas una clara intromisión en nuestra privacidad; sin embargo, no quiero ser drástico en la valoración y en la decisión. No soy de los que arrasan con todo. Me gusta ponderar, reflexionar y decidir sin apasionamiento desmedido.
Así, lo primero que hice fue cerrar Instagram hace varias semanas, una red en la que entré por aquello de compartir fotos con reflexiones. Después me encontré en ella amigos y conocidos y eso me animó. Pero pasados los meses me di cuenta de que empleaba un tiempo precioso subiendo fotos y viendo de qué forma podía ser más ´original`. Siempre me ha gustado la fotografía aunque nunca he sido de cargar con pesados equipos todo el tiempo, así que antes me limitaba a llevar en mis excursiones a la naturaleza una cámara buena pero no excesivamente sofisticada. Con la aparición de los teléfonos con capacidad de hacer fotos y vídeos vi el cielo abierto, pues se me simplificaba todo de forma considerable. El peligro de Instagram es querer sobresalir con tus fotos y comentarios ingeniosos, lo cual te desgasta y pasas a depender un tanto de la aplicación. Hay adolescentes que no salen de la aplicación, y adultos muy adultos que también le dedican mucho tiempo. Analizado el tema y valorándolo en términos de esfuerzo y tiempo, vi que lo mejor era cerrar la cuenta. Así lo hice.
La segunda fue Twitter. Llegué a tener casi dos mil seguidores, y todos los días subía un mínimo de tres comentarios, seguía cuentas de las llamadas ´relevantes`, me informaba o trataba de hacerlo,... pronto descubrí los caprichos de la empresa con la manipulación algorítmica, la relevancia a determinados temas en perjuicio de otros, etcétera, además de los comentarios groseros, insultos y todo tipo de conductas que se producen en dicha red social. Por tanto, viendo que estar y no estar en Twitter era lo mismo, decidí cerrarla, lo cual no me ha impedido estar informado de los temas que me importan por otros medios.
La tercera será Facebook. Digo será porque aún no la he cerrado si bien justamente a partir del 1 de mayo, coincidiendo con la fiesta del trabajo, dejaré de actualizarla. ¿Y por qué no la cierro todavía? Porque por sorprendente que pueda parecer aún intercambio información con algunas personas en esa red aunque ya estamos de acuerdo en la desconexión de la plataforma.  Así, la mantendré hasta finales de año con intención de cerrarla a el último día de diciembre, tal vez antes. Esta red social es la más peligrosa de todas, como se ha constatado en numerosas ocasiones por expertos en seguridad, psicólogos, etc. Genera una adicción tan fuerte que es comparada con la adicción a la cocaína. Conozco gente que no es capaz de desconectar ni tan siquiera cuando van al cine o cuando mantienen relaciones sexuales, por cierto, no sé cómo diablos se las apañarán para hacer ambas cosas a la vez... En Facebook he recibido todo tipo de propuestas: relaciones, negocios fabulosos, intercambio de fotos eróticas, matrimonio, comercio, etc. Todo ello una pérdida de tiempo, sin contar el espionaje gubernamental o de agencias publicitarias, además del famoso algoritmo de la empresa, capaz de acumular información de cada uno de nosotros de forma casi increíble, y otras prácticas de sobra conocidas. Total, que salir de esa red es lo mejor que se puede hacer. Con los amigos en ella presentes siempre puedo utilizar otros canales de comunicación y en ello estoy.
Me queda Linkedln. De momento será la única red social que mantenga en activo, entre otras cosas porque estoy en contacto con muchos profesionales afines de una forma directa y sin intrusismos diversos. Hoy por hoy es la única red social que me resulta práctica, no precisas hacer actualizaciones diarias y vas a lo que importa, aunque es cierto que se está devaluando.
En una próxima postal hablaré sobre cómo dejaré definido lo que llamo mi "ecosistema personal de comunicación e interacción social" por el que me guiaré hasta mi retiro profesional.
En definitiva se trata de evitar la dispersión, fomentar la simplicidad, ganar tiempo para uno mismo y vivir una vida sencilla, tranquila y relajada.

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