No elegimos la familia


Alguien me dijo en cierta ocasión que no elegimos la familia en la que nacemos; pero sí los amigos. A mí, esto de la familia me trae de cabeza. Supongo que será bastante habitual en muchas personas. No digo que tengamos que huir de la familia, pero sí resulta conveniente a veces tomar ciertas distancias. Es la forma de mantener el encanto de los encuentros familiares. ¡Por favor, no en Navidad!, esas fiestas empalagosas donde por fuerza hay que estar felices y contentos. No. Pero sí encuentros informales, no previstos, suelen tejer relaciones más sólidas.
Huyo de la familia siempre que puedo, esta es mi realidad. ¿Me hace menos humano? ¿Estoy pecando en algo? ¿Soy tal vez demasiado desprendido e independiente? En una cosa estaría de acuerdo: mi independencia. Siempre he ido por libre y eso se paga. Pero tampoco me importa.
Así que de vez en cuando me dejo caer por la casa familiar, la de toda la vida, en la que mis padres y hermanos crecimos. Y sí, los primeros días suelen ser festivos, de reencuentro, visitas, compartir almuerzos y cenas, anécdotas, cotilleos sobre el vecindario, noticias locales, chascarrillos sobre tíos, tías, primos y primas, que si la tía fulana ha empeorado mucho, que si nuestro primo ha salido del armario,  que si al vecino del segundo le han pillado con un mozo bien puesto arrullados en las antiguas carboneras del edificio, y cosas por el estilo. Banalidades, en definitiva. Pasados esos días de compartir novedades, uno empieza a descubrir cosas que había olvidado, elementos de la convivencia que la tornan complicada. Si es que nos vamos haciendo mayores, aparecen las manías, se consolidan... y surgen las tiranteces, las tensiones por naderías, y así.
En esta ocasión mi estadía en la casa familiar se va a prolongar un par de meses, tiempo más que suficiente para hartarme; pero no tengo otra alternativa. No he venido por gusto y sí por una especie de obligación cuasi religiosa de atender cuestiones familiares importantes. No es que abjure de ellas, claro está. He venido por solidaridad y la obligación de atender ciertos asuntos vitales, y lo hago con gusto, y me alegro de estar aquí, en estas tierras de Valladolid que me vieron crecer; sin embargo, y esto es importante, el día a día se me está haciendo pesado, sin demasiados estímulos, salvo el de saber que se requiere mi presencia. Bueno, sigo escribiendo y ahora investigando para un futuro libro, y ello me obliga a frecuentar la biblioteca regional, como ya he referido en una postal anterior, y también a olvidarme de asuntos familiares.
Entonces me acuerdo de los amigos, esos sí elegidos por uno mismo, como comenté al principio. Los amigos se visitan, se comparten de forma diferente las cosas importantes, por lo  menos con los íntimos. Los amigos de verdad siempre están ahí, dispuestos para lo que sea, bien tomar un café en estas tardes frías de la capital castellana, o bien mantener una larga conversación telefónica, a veces imprevista, como la que mantuve el otro día con José María, un abogado jubilado  y metido este año al difícil oficio de sacar adelante un proyecto editorial. ¡Mira que tiene ganas! Hablamos durante hora y media de diferentes temas, de nuestra pasión por África, por el Magreb y por las culturas beduinas. Y también hablamos del libro que estoy escribiendo y que él me publicará allá para noviembre. Creo que es un honor tener como editor a José María, un hombre de gran cultura, culto de verdad, espontáneo, cercano y, a la vez, muy suyo de lo suyo, lo que nos coloca en una esfera de cercanía y simpatía que no encuentro en las largas reuniones familiares.
Y así vamos pasando los días de abril, el de las aguas mil y todas caben en un barril, que parece va camino de hacerse realidad este año.
En fin, quiero aplicar el letrero que he añadido al principio de la postal. Creo que lo conseguiremos, principalmente eso de reír... lo demás irá llegando. Así que no elegimos la familia; pero sí podemos elegir amarla tal como es. Amar, a la familia, a los amigos, a los enemigos... este es el secreto y la clave, como siempre. No digo en este sentido nada nuevo.


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