Industria editorial y desarrollo social africano


Uno de los aspectos menos tratados en esto del desarrollo social está relacionada con la actividad editorial en la mayoría de países pobres. En África se edita muy poco, en el Magreb es mínima dicha actividad… la mayor parte de las veces son ediciones en lengua francesa. Poca novela y ensayo, casi nada. Se dice que no existe la costumbre de leer; pero yo creo que tiene que ver más bien con la falta de interés de las autoridades por potenciar la lectura.
La industria editorial es muy importante, y ahora con Internet se ha democratizado el acceso, con lo que editar un libro es tarea fácil y barata.
La verdad es que casi sin darme cuenta he editado unos 130 libros, de diferentes autores, y publicado unos cuantos escritos por mí.
Me inicié en el ámbito editorial en 1986 con la publicación de un libro titulado “La circulación cerebral arterial” a dos profesores de la universidad de Valladolid. Siempre constituyó una actividad secundaria en mi quehacer profesional; pero me ha permitido tener una visión amplia sobre esta industria vinculada a la cultura.
Ahora la tarea editorial está en plena transformación. Yo pienso en cómo se pueden implementar sistemas de gestión editorial independientes en los países del Magreb. Las preguntas que aparecen siempre son las mismas: pero si la gente apenas lee, ¿para qué iniciar esta actividad profesional? ¿No constituirá un fracaso y una pérdida de tiempo? Pienso que no, trabajar en cultura nunca es una pérdida de tiempo aunque nosotros no veamos los resultados. Por otra parte, con la tecnología actual, se puede editar a precios muy bajos, e incluso gratuitos si utilizamos la edición digital y distribuimos por Internet. Es una oportunidad para comunidades locales que pueden dinamizar mediante la edición alternativas y emprendimiento profesional, además de contribuir a la divulgación de su cultura en este mundo global con fronteras cada vez más diluidas.
Voy a señalar cuatro puntos:
1º. Nuevas tecnologías están transformando la actividad editorial (impresión bajo demanda: menor coste; edición digital, libro electrónico), audiolibros, videolibros.
2º. Uso masivo de herramientas de edición (sitios web, blogs, redes sociales, …). Han traído una democratización del negocio editorial. Cualquiera puede editar libros o publicar los suyos propios.
3º. El libro ha dejado de ser un componente esencial de la transformación cultural. Esto lo dicen generalmente quienes apuestan por su desaparición. Tal vez pase con los libros en papel; pero la edición digital será creciente y los formatos “online” llegan ya a cualquier rincón del mundo con una conexión a Internet. Es cierto que las series de tv tienen numerosos episodios que podrían muy bien ser comparados con los capítulos de un libro. Pero aun así, el libro puede coexistir con series, videojuegos y otros sistemas de entretenimiento. Además, algunos géneros, como el poético, están recuperando las publicaciones en papel.
4º. Los derechos de propiedad intelectual, distribución y copia de contenidos están afectando directamente a la industria editorial clásica. Resulta una evidencia fácil de comprobar. Lo cual no significa que la publicación de contenidos constituya un riesgo por la facilidad de piratearlos. Se trata de optimizar plataformas de descarga con todas las garantías legales para autores, diseñadores y distribuidores.
Por tanto, hay que partir de estos hechos. Implementar la gestión editorial en pequeñas comunidades y colectivos del Magreb y el África Occidental puede generar, como  he dicho antes, una dinamización del emprendimiento profesional en general, además de estimular la creatividad y la formación profesional de las personas involucradas en tales procesos.
Se me puede argumentar que si en occidente se lee cada vez menos, ¿cómo se va a potenciar la lectura en esos países?
El punto de partida es erróneo. Cada vez se lee más, lo que sucede es que están cambiando las costumbres lectoras. Ahora la gente lee muchísimo en sus teléfonos móviles, en las tabletas y ordenadores personales. Los jóvenes prefieren enviarse mensajes de texto en sus aplicaciones de mensajería o mediante las redes sociales. Sí, cada vez se incorpora más vídeo, es cierto, pero nos gusta leer. Las nuevas tecnologías implican que los creadores de contenidos tienen que adaptarse a ellas y a los nuevos modelos de consumir esos contenidos. Esto puede ser un reto y conlleva dificultades para escritores y editores occidentales; pero no sucede lo mismo en países con poca o ninguna tradición editorial. Ahí se parte de cero lo que significa que los interesados pueden manejar desde el principio esas tecnologías y sistemas de distribución de contenidos, ser más creativos y tener más oportunidades de ganarse la vida. En fin, estoy señalando un “nicho de mercado” con futuro, como dicen ahora los expertos en materia de empleo y negocio.
En definitiva, como digo siempre, es preferible potenciar las iniciativas laborales antes que depender de la cacareada “ayuda al desarrollo” y las agendas interesadas de los países ricos con respecto a los pobres.

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