En Las Batuecas



Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, estar en Las Batuecas es estar distraído y ajeno a aquello de que se trata: es decir, absorto y embelesado. Estas sensaciones siguen embargando la voluntad de aquellos que se dejan seducir por este valle encajado entre escarpadas montañas, en el norte de la provincia de Cáceres, lindando con la de Salamanca.
Allí he pasado momentos inolvidables, disfrutando de una naturaleza casi virgen; pero también en el abandono de la oración contemplativa.
Hasta el siglo XVII los españoles conocedores de esas tierras creían que Las Batuecas era un lugar misterioso donde se ocultaban secretos solo conocidos por sus habitantes, la mayoría de ellos hombres primitivos y rubicundos. Lógicamente esta leyenda se desmontó por sí sola con el paso de los años y la mejora de los caminos y carreteras que conducen al valle. Hoy las batuecas son un rincón de la geografía española donde los monjes carmelitas tienen el convento de san José, fundado en 1599, para una experiencia interior de soledad y contemplación.
Nos dice Francisco Brandle, hermano carmelita del convento:

“Es imposible describir la percepción de las montañas que se tiene en Batuecas, por eso se me han hecho mucho más luminosas las palabras del salmo 124 (Vg), que recuerdan “Jerusalén está rodeada de montañas,… ahora y por siempre”. No me pude imaginar la ciudad de Jerusalén, de la  que realmente sólo recuerdo la vista desde el Monte de los Olivos, ni cualquier otra ciudad rodeada de montañas.
Mi conciencia abierta a esa presencia amorosa de Dios me vino a mostrar que ese Dios, el Amado que recuerda San Juan de la Cruz, es para mí esas montañas, que percibí como aquí se viven, no como lugares a los que ir, sino como cercanía e incluso venida a uno de la misma montaña. Así es como pude cambiar mi expresión: Díos mío te amo, por la que creo mucho más verdadera: “Me siento Amado por Dios”. La persona amada, es esa Jerusalén rodeada de montañas, la humanidad por la que Dios ha dado la vida es esa Jerusalén rodeada de montañas, y de la forma que en Batuecas se pueden percibir abrazándote de tal modo que sientes que vienen a ti y te llenan de su grandeza.”
Sabias son estas palabras de Francisco BrandleSe trata, en definitiva, del epicentro espiritual de un valle frondoso, con cientos de especies vegetales que desprenden un aroma único en la geografía española, regadas por manantiales y un río de aguas cristalinas, misticismo natural, alabanzas al Creador de una naturaleza no contaminada…

Aquí me reconozco pecador aunque no haga nada.
O precisamente por no hacerlo.
Venimos al mundo y somos herederos de la estructura social e histórica del pecado que nos acompaña
toda la vida.  
Nacemos situados en un ecosistema humano muy definido. Somos  una raza orgullosa y violenta.
Arrastramos nuestro instinto animal  de caza y supervivencia.
Competimos por bienes y poder, y nos va la vida en ello.
Sé que esto es provisional,  que apenas entendemos la evolución humana,  que tenemos que eliminar el ropaje primitivo para que florezca el Amor en nuestro interior.
Llegar a ese estado implica esfuerzo y sacrificio; pero la sociedad actual parece más inclinada que nunca  hacia lo superficial.
No obstante, la Palabra está ahí, eterna, esperando ser acogida  en el corazón humano.
No hay prisa. Sabemos que somos propietarios  terrenales de nuestra alma. 
Tenemos que orientarnos en la dirección correcta.
Hemos de esforzarnos por edificar un ser humano moral,  pacífico y solidario.
A veces los creyentes pensamos  que Dios nos sacará las castañas  del fuego
en los momentos de apuro y dificultad.
Le pedimos esto  o lo otro, como si Él fuera un dispensador de gracias violando una y otra vez las leyes de la naturaleza que creó; pero si queremos tener una fe madura  y razonada, sólo cabe el abandono en la Divinidad a la par que hacemos las cosas lo mejor posible.
Si buscamos la inspiración divina en todo nuestro obrar, Dios hablará por nuestras obras. Es el precio del libre albedrío.
Todo depende de nosotros. El dicho evangélico “Pedid y se os dará” no hay que entenderlo en un sentido material  que implique trastocar el orden cósmico, sino que se trata más bien  de un deseo espiritual, de sana confianza y actitud positiva ante las numerosas dificultades que se nos presentan en la vida.
Pedir para controlar nuestro ego y así ser verdaderos portadores de la acción divina.

Paso mis días en Las Batuecas, arrebatado por sensaciones únicas en un desierto orante también único.
Me acompañan las águilas de los riscos y los pájaros del bosque, cantando en hermosa polifonía, el correr de las aguas, el suave sonido del viento filtrándose por la arboleda, el sol que baña con su calor cada resquicio del valle, y así, sin otro pensamiento, camino hacia el nuevo día.



Comentarios

Entradas populares