jueves, 4 de julio de 2019

Una nueva plataforma de blog


Las restricciones que aplica Google en su plataforma de blogs ´Blogger`, mediante las cuales se está perdiendo visibilidad y presencia en Internet, además de aplicar sistemas de censura automatizados, me llevan a cancelar mi cuenta en este sitio. A partir de ahora seguiré actualizando el blog en WordPress. Ya he migrado las entradas al otro sistema.
Se puede seguir en la siguiente dirección: www.jlnava.com
Muchas gracias.

domingo, 30 de junio de 2019

La leyenda de Quilamas


Uno de los espacios geográficos que más me han cautivado siempre es el de la sierra de las Quilamas, al sur de la provincia de Salamanca, donde se levanta una barrera montañosa con alturas que no llega a superar los 1.500 metros y que sirve de nexo entre la llanura charra, cubierta de encinas adehesadas y las masas boscosas del cercano Parque Natural de Las Batuecas. En este lugar he pasado momentos inolvidables con la familia y los amigos, también en soledad, recorriendo los mil vericuetos y sendas que marcan la sierra. Se trata de un espacio natural (11.100 hectáreas) de relieve irregular con lomas redondeadas y valles estrechos por los que discurren numerosos arroyos cuyas aguas vierten a un profundo valle recorrido por el río Quilamas que acabará entregándose al Alagón. 
Los habitantes de estas comarcas han forjado con el paso de los siglos leyendas e historias muy interesantes, alguna como la de la princesa Quilama,  muy unida a episodios históricos acontecidos en España.

viernes, 28 de junio de 2019

Altruismo y edición


El otro día paseaba por uno de los lugares emblemáticos de Salamanca: la plaza de Anaya, espacio urbano de gran interés histórico y lugar donde he pasado muchas horas, bien en soledad -hoy día difícil por la afluencia turística- bien en compañía de algún amigo, disfrutando del ´incomparable` marco, que suele decirse: el palacio de Anaya y la catedral. Pero en esa ocasión estaba solo y reflexionaba sobre la ilusión del tiempo. En efecto, prácticamente ayer celebrábamos el año nuevo y hoy ya estamos a finales de junio. Medio año transcurrido con una velocidad increíble. Medio año en el que nuestro país, todavía llamado España, se ha metido de lleno en una deriva política que nos saldrá cara. El resto del mundo no es que esté mejor...
En este tiempo he podido perfilar mi nuevo sello editorial -Ars Templis- y editar tres libros escritos por dos autores, uno de poesía y dos ensayos. También sigo adelante con la revista Horeb Ekumene, y con Sabbura, la primera dedicada al diálogo interreligioso y la segunda centrada en el Magreb.
Dicho así parece que estoy ejerciendo una actividad frenética. No es el caso. Para mí esto que hago no es gran cosa y tampoco me genera ingresos económicos. Se trata de una actividad casi altruista, tal como explico en el último episodio de "La noche de los gatos".
Para mí lo importante es ejercer el intelecto y disfrutar con lo que uno hace. Si no se dan esas dos características en la actividad, todo lo demás se desmorona como un castillo de naipes. 
Y seguimos...

jueves, 27 de junio de 2019

Normalidad y cultura


¿Existe algo parecido a la ´normalidad` social? ¿Y una normalidad cultural? Hablaríamos aquí del consenso habido para definir qué es admitido como ´normal` en determinado ámbito cultural.
Estas cuestiones son de enorme importancia en nuestros días, por el impacto creciente de los movimientos migratorios.
En este episodio de "La noche de los gatos" hago un comentario sobre estas cuestiones...

lunes, 17 de junio de 2019

Comportamiento personal y desarrollo social


Las ciencias del comportamiento humano han estudiado con detenimiento cómo se pueden cambiar situaciones sociales de estancamiento (por ejemplo en temas de economía social, salud comunitaria, emprendimiento profesional, etc.), y convertirlas en oportunidades para mejorar las condiciones que permitan el cambio.
Durante los años que ejercí como voluntario de programas socio educativos uno de los problemas con los que tenía que lidiar era la desmotivación de la gente para iniciar cualquier tipo de actividad. En muchas ocasiones esta situación impide cumplir objetivos que se habían fijado en proyectos de planificación y desarrollo de nuevas actividades. Por tal motivo, el  hallazgo clave es que si queremos mejorar las condiciones socioeconómicas de determinada población, primero tenemos que estimular su participación en los programas que vamos a implementar. De poco sirve ofrecer buena formación y herramientas de trabajo si, a la postre, no existe un ambiente de optimismo razonable y esperanza de transformar la situación de precariedad.


Evidentemente este razonamiento no es nuevo y está tomado de la ciencia pedagógica. Los profesionales de la educación saben bien que el estímulo es fundamental para conseguir buenos resultados académicos; pero aplicada esta visión al desarrollo social de comunidades pobres es algo muy diferente, pues no actuamos en el aula, sino que el objetivo es cambiar el modelo social en aras a un mayor bienestar. Es decir, trabajamos con toda la población , con las unidades familiares, con los profesionales, con jóvenes y adultos, de tal forma que los problemas se multiplican y las soluciones se resisten en llegar.

domingo, 16 de junio de 2019

Trilogía sahariana

Quienes siguen mis andanzas literarias saben que bastantes de las composiciones que vengo realizando desde hace unos años están ambientadas o se refieren al desierto del Sahara. Esto se debe a una simple razón: durante casi quince años he permanecido vinculado por diversas razones a este espacio geográfico. Hasta la fecha he publicado tres libros con temática ´sahariana`:

- El beduino de la montaña de ámbar.
- El viejo del bastón colorado.
- La bahía de las sombras errantes.

En las próximas semanas ofreceré estos títulos en formato audiolibro, narrados por mí, y gratuitamente para mis seguidores. No soy partidario de la autoedición, motivo por el que desde mi sello editorial no he vuelto a editar obras escritas por mí. De esto he hablado en otras ocasiones.

sábado, 15 de junio de 2019

Desde mi cabaña


Los árboles, si se les deja, tienden a ser bastante longevos. Ellos sobreviven al presente, como nosotros; conservan del pasado su porte y sus anillos concéntricos al igual que nosotros. Con el paso del tiempo nuestra figura se rellena de recuerdos, animados unos, inanimados y estáticos otros, rodeados siempre de cierta corteza que se aja y desquebraja con los años, como la de los árboles.
Compartimos con los árboles la inexistencia impalpable del futuro –tanto inmediato como lejano- así como también la esperanza de llegar a él y por tanto la elaboración de planes y proyectos, del mismo modo y manera que el árbol planifica a lo largo del invierno la primavera que se acerca, engrosando las yemas y brotes de sus ramas, prestos a resurgir.
En cuanto al presente, lo llevamos exactamente de igual modo: solamente existe el instante preciso de ese “ahora” que nosotros hilvanamos presta y hábilmente con el que le sigue y luego con el otro, en un alarde de previsión cual empalme de fotogramas impresionante.

jueves, 13 de junio de 2019

Algunas preguntas


¿Cuántas agencias, observatorios y entes de diferente pelaje y procedencia consumen recursos públicos y no sirven para nada?
¿Cuánta estulticia presentada en formato de sesudos informes plomizos y enrocados en un lenguaje incomprensible para el común de los mortales?
¿Cuántas bobadas nos presentan como actualidad informativa?
¿Cuántas previsiones, reuniones internacionales, cumbres y demás actividades pastoriles se organizan sabiendo que no tienen utilidad?
¿Cuántos estómagos agradecidos por tanta necedad?

miércoles, 12 de junio de 2019

Escritura automática


No, no voy a hablar de ese proceso casi paranormal por el que algunas personas escriben en una especie de arrebatamiento o hipnosis, sino de algo más prosaico. Con la expresión “escritura automática” me refiero a la actividad consistente en escribir de forma habitual y diaria un número mínimo de palabras y folios. En eso consiste el oficio de escritor: escribir.
En estos tiempos de escritores a mansalva, quien más o menos hace sus intentos; pero no nos engañemos, escribir requiere de mucha disciplina, hasta tal punto que se adquiere cierto automatismo. Me levanto por las mañanas… y escribo. Los hay que escriben por la tarde, después de realizar otro trabajo, o por la noche. Lo importante es escribir cada día. Mi meta son diez folios diarios, de lunes a viernes. Mucho de lo que plasmo en el papel (sí, sigo escribiendo a lapicero o bolígrafo), va a la papelera días después; sin embargo, ahí radica la clave. Todo lo que desarrollo está hecho con el corazón. Después viene la corrección con el razonamiento y el análisis. Es un proceso. Creo que la mayoría de los escritores lo hacen así. Es indiferente si escribes prosa o poesía, novela, ensayo o teatro. Dejo aparte los artículos y comentarios en blogs y foros, pues en ellos prevalece la inmediatez y uno se puede permitir ciertas licencias.
Vivimos estableciendo rutinas y afrontamos obstáculos y retos. El escritor no queda al margen de ellas y esto le permite construir una obra. 

Abrazarse, acogerse, amarse


Dos manos que se agarran. Dos personas. Dos mundos. Dos cosmovisiones... pero permanecen ahí, unidos. La fotografía puede verse en horizontal o vertical. En cualquier caso evoca acercamiento, ayuda, generosidad, amor.
En estos tiempos de nuevos éxodos, de emigrantes forzados y sufrimiento inimaginable, tender la mano, ofrecer sin preguntar, acoger sin medida, ahí está la clave. Las demás consideraciones son cuestiones políticas, ajenas a la ´resonancia` de los corazones.

Hijos de la luz


Porque todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas. (1 Tesalonicenses 5:5)

Los críticos se recrean en el lodazal


Me dicen que soy serio, 
que estoy solo,
que no busco compañía,
que soy un castellano viejo
pasado de moda,
como de otro tiempo.

Me dicen que vivo la vida,
que no me preocupo,
que no siento.

Me dicen que soy misterioso,
que no muestro mis sentimientos,
que estoy escondido y alejado.

Me lo dicen los que no ven y juzgan,
los que no saben y hablan,
los que aparentan humildad,
los que venden su imagen solidaria;
pero atesoran muerte en sus casas,
los que buscan prestigio
a lomos de otras espaldas,
los que convierten la oración en teatro
y el vivir en puro engaño.

Esos puritanos modernos
me lo dicen,
mientras sonrío y dejo atrás
el vapor  destilado
por hombres de juicios huecos.

martes, 11 de junio de 2019

San Silouan, el Athonita


Me llega un libro muy interesante que he empezado a leer casi de un ´tirón`, como suele decirse. Se titula "San Silouan el Athonita", editado por Ediciones Encuentro.
La historia merece atención, tal como se refleja en la contraportada:
"En otoño de 1892 un joven campesino ruso -su nombre de pila es Simeón- llega, procedente de la provincia de Tambov, a la Santa Montaña  del Athos. Ha finalizado su servicio militar y se dirige ahora al Monasterio ruso de San Pantaléimon; emprende allí un prolongado combate espiritual hasta su muerte en 1938. Aunque inculto en el sentido usual del término -dos inviernos en la escuela de su aldea son su único bagaje intelectual-, su denodado esfuerzo ascético le depara una experiencia personal del cristianismo idéntica a la de muchos Padres ascetas antiguos. El Stárets Silouan fue canonizado por el Patriarcado ecuménico de la Iglesia Ortodoxa en 1988.
Un Stárets -anciano (Mt 15,2; Mc 7,3)- es un monje cuya experiencia ascética le ha otorgado sabiduría, penetración y capacidad de guiar a los demás".

El libro tiene 433 páginas.
Impresionan las primeras frases que nos ofrecen una idea de por dónde van los tiros:

La Revelación nos dice: «Dios es Amor», -Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna» (1 Jn 4,8; 1,5). ¡Qué difícil nos es, a nosotros hombres, aceptar estas palabras! Difícil, porque nuestra propia vida y la del mundo entero que nos rodea muestran más bien lo contrario. ¿Dónde se halla, en efecto, esta Luz del Amor del Padre, si llegados al ocaso de nuestras vidas, con la amargura en el corazón, debemos reconocer con Job: "Mis mejores proyectos, los deseos más queridos de mi corazón, se han roto. Mis días han huido. El lugar de los muertos será mi casa..., dónde está, pues, mi esperanza? Y aquello que, desde mi juventud, mi corazón, secreta pero ardientemente, perseguía ¿quién lo verá?» (Job 17,11.15). Cristo mismo atestigua que Dios, en su Providencia, vela atentamente por toda la creación. Se acuerda del más pequeño de los pájaros, y cuida incluso de la hierba del campo. Su solicitud por los hombres es todavía incomparablemente más grande, hasta el punto de que -todos los cabellos están contados- (Mt 10,300- Pero ¿dónde se encuentra esta Providencia que vela hasta por los menores detalles? listamos abrumados por el espectáculo del desencadenamiento incontenible del mal en el mundo. Millones de vidas, con frecuencia apenas iniciadas, antes incluso de que hayan adquirido conciencia de sí mismas, son arrancadas con increíble crueldad. ¿Por qué, entonces, esta vida absurda nos ha sido dada? Y el alma ansia encontrar a Dios y decirle: v;Por qué me diste la vida?... Estoy colmado de sufrimientos; las tinieblas me rodean. ¿Por qué te escondes de mí?... Sé que eres bueno, pero ¿cómo eres tan indiferente a mi dolor?». 7 «¿Por qué eres tan cruel, tan implacable conmigo?". «No puedo comprenderte». 

lunes, 10 de junio de 2019

Reflexión sobre poesía mística


Desarrollo en esta postal el tema que ya expuse en tres episodios de "La noche de los gatos", añadiendo algunas reflexiones complementarias.

Empecemos con una pregunta: ¿tiene sentido la poesía mística en nuestros días? Algunas personas pensarán que la pregunta es ociosa, porque incluyen a la poesía mística en una actividad literaria propia de unos pocos “iluminados” que, como tal, sirve para el entretenimiento y nada más. Siempre se ha visto en el poeta la figura bohemia del artista pobre y algo raro. Hasta cierto punto es normal. Lo más natural es que el poeta –como cualquier artista verdadero- no esté polarizado hacia el dinero o el poder. Pero la cuestión no es baladí. En este mundo materialista la poesía en general –y la mística en particular- tiene más sentido que nunca.
El poeta místico, presente en todas las tradiciones religiosas, es tal poeta en cuanto poseedor de unas vivencias extremas manifestadas por su sensibilidad, de suerte que utiliza la expresión poética como “vía de escape” para no perecer en su mundo interior. Su problema parece ser la incomprensión de sus contemporáneos, como queda recogido en la historia de algunos hombres y mujeres místicos, poetas y perseguidos por sus respectivas religiones, quizá porque sus escritos representan un cierto relativismo de los dogmas de fe, o porque sus personalidades resultan incómodas por la verdad que proclaman. Estas personas no se esconden tras la diplomacia y lo políticamente correcto. Para ellos, su poesía, sus experiencias, son la “razón vital” de la que hablaba Ortega y Gasset. Es la vida en su expresión infinitamente bella, superior a la realidad social que les ha tocado vivir. Pero la poesía mística no es sólo individualidad, es más, no es sólo género literario y filología, como pretendía Unamuno. Ella trasciende las fronteras de la creación artística y se mueve con soltura en muchas otras disciplinas. El poeta místico, que no hace otra cosa que expresar sus más íntimos deseos, contribuye de forma notable al desarrollo cultural y religioso de la Humanidad.
¿Qué sería del mundo sin poetas?, se preguntaba el romántico. ¿Qué sería del mundo sin místicos?, nos preguntamos nosotros. La mística es la puerta a la última dimensión, y el poeta la herramienta que nos permite confirmarla; es el otro, un ser de carne y hueso como nosotros, que nos dice: “esta es mi experiencia, tú puedes seguir el mismo camino”. La poesía mística constituye, por tanto, una actividad que canaliza nuestros deseos, tanto personales como colectivos, cohesiona ideas y favorece el desarrollo intelectual y ético de la sociedad. En cualquier caso, sin el ejercicio poético no existirían las matemáticas, que son la base de las ciencias formales, ni la ética, que es uno de los cimientos sobre el que construimos nuestras sociedades. Sin poesía nuestro mundo sería incomprensible, meramente instintivo y animal.
Hoy día hay un renovado interés por ofrecer nuevas respuestas a la pregunta clásica: ¿Qué es el hombre? Numerosos científicos ofrecen respuestas complejas, meramente biológicas, que pueden ser válidas en el ámbito de la actividad empírica y positivista, pero insuficientes para la comprensión de la naturaleza humana. Otros, como los paleoantropólogos Yves Coppers y Pascal Picq, buscan el atributo que distingue al hombre de las demás especies animales, porque “la bipedación, la caza, la vida social, la conciencia o la risa son características que compartimos con los chimpancés”, esto es, aquellos atributos que pensábamos exclusivos de nuestra especie, también están en menor o mayor grado en otras especies filogenéticamente próximas a nosotros; por tanto se puede llegar a pensar que no hay distinción real entre el ser humano y los demás animales.

Sodoma


No suelo leer libros sobre temas eclesiásticos. En primer lugar porque buscan el sensacionalismo. En segundo lugar porque suelen ser poco rigurosos o se limitan a describir cuestiones muy especializadas y puntuales; sin embargo, he leído ´Sodoma` de Frédéric Martel, un libro publicado hace algunos meses que me ha dejado un buen amigo con insistencia de leerlo.  Y así lo he hecho.
El libro está bien escrito, estructurado de una forma amena, con ciertos pasajes que recuerdan más una novela que un ensayo; pero se trata de un estudio profundo y meticuloso sobre la homosexualidad y sus consecuencias en el seno de la Iglesia Católica y, más en concreto, en el ámbito puramente eclesiástico, en la institución eclesiástica, pues la Iglesia Católica es algo más que sus papas, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos, monjes y monjas. Por tanto, no es un libro contra la Iglesia Católica, como han dicho algunos críticos, sino contra determinados elementos y prácticas de la institución. Y claro, ahí, en esa institución bimilenaria y bien engrasada, hay de todo. Santos y golfos, sabios y bobos, heterosexuales y homosexuales, clérigos honrados y dignísimos, y auténticos delincuentes.
´Sodoma` no es un libro agradable de leer y, por consiguiente, no es recomendable "para todos los públicos". Contiene pasajes claramente ofensivos y no contrastados, opinión más que análisis objetivo, y cierto sensacionalismo junto con descripciones novelescas que le restan credibilidad puesto que resulta imposible demostrar lo que afirman. Estos son los fallos que le he encontrado, junto al intento --probablemente inconsciente- de su autor, por adornarse y atribuirse una importancia que no es tal, pues existe una amplia bibliografía sobre la historia de la Iglesia, donde se habla de todo. 
A pesar de estos ´peros`, ´Sodoma` es demoledor. Constituye en su conjunto un argumentario que refleja una parte clave para entender la realidad de la institución eclesiástica. Aunque solo el 10% de lo que afirma su autor fuera cierto, bastaría para producir nauseas. En efecto, por sus páginas nos enteramos de aspectos sí contrastados y confirmados incluso por el propio Vaticano, como el caso Marciel Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, y otros casos de obispos y cardenales a los que el autor dedica una atención profunda y ofrece datos contrastables.
También habla de la pederastia, la homosexualidad de muchos clérigos e incluso de papas, de la doble vida que llevan numerosos sacerdotes y religiosos, bien practicando su homosexualidad o heterosexualidad, etc.
Al acabar de leerlo uno se queda con sensación de tristeza, gran tristeza, dada la crudeza de lo narrado y el aspecto absolutamente anticristiano que impera en determinados sectores de la Iglesia Católica. Pero lo más triste no es lo narrado por Martel, sino constatar que -y esto puede hacerse sin leer dicho libro- que la institución eclesiástica ha ocultado sistemáticamente hechos muy graves y que lo sigue haciendo, solo actuando a remolque de la información publicada por los medios de comunicación y en las redes sociales. Lamentable.
El papa Francisco aparece casi como un héroe, intentando poner fin a prácticas antievangélicas y que pueden ser juzgadas no solo por el código de derecho canónico, sino por el código penal. Pero lo tiene difícil. Un papa que quiere poner en práctica el evangelio es un papa poco querido en los círculos políticos vaticanos. 
¿Serán los laicos los que arreglen el desaguisado? El tiempo lo dirá.