sábado, 15 de junio de 2019

Desde mi cabaña


Los árboles, si se les deja, tienden a ser bastante longevos. Ellos sobreviven al presente, como nosotros; conservan del pasado su porte y sus anillos concéntricos al igual que nosotros. Con el paso del tiempo nuestra figura se rellena de recuerdos, animados unos, inanimados y estáticos otros, rodeados siempre de cierta corteza que se aja y desquebraja con los años, como la de los árboles.
Compartimos con los árboles la inexistencia impalpable del futuro –tanto inmediato como lejano- así como también la esperanza de llegar a él y por tanto la elaboración de planes y proyectos, del mismo modo y manera que el árbol planifica a lo largo del invierno la primavera que se acerca, engrosando las yemas y brotes de sus ramas, prestos a resurgir.
En cuanto al presente, lo llevamos exactamente de igual modo: solamente existe el instante preciso de ese “ahora” que nosotros hilvanamos presta y hábilmente con el que le sigue y luego con el otro, en un alarde de previsión cual empalme de fotogramas impresionante.

viernes, 14 de junio de 2019

¿Algún día acabarán las guerras?


No parece que las cosas vayan a cambiar. No en el mundo actual. Al decir que no cambiarán las cosas quiero decir que, en realidad, están en constante cambio; pero este hallazgo no es mío. Lo mutable es concepto hindú y taoísta; sin embargo, los eventos que se suceden en los ámbitos económico y político siguen una cadencia repetitiva espantosa: períodos de paz y de guerra, crisis y bonanza, ignorancia y conocimiento... Es una repetición cósmica.
El cosmos como productor de dualismos interrumpidos. ¿Cómo eliminar aquello que impregna la propia evolución? Se me escapa. Tal vez la única solución sea una inteligente conjunción de espiritualidad y ciencia; pero aquí la clave está en la inteligencia y, por lo visto, parece que escasea.
Seguimos arrastrando problemas, situaciones lacerantes, violencia extrema... una amalgama de circunstancias que nos resultan cotidianas y familiares. Estamos instalados en la comodidad de la rutina, sea cual sea.
Quiero pensar que no será así siempre. Camino con la esperanza de un cambio definitivo, no la repetición de un ciclo que está durando demasiado tiempo. Se vislumbran cambios en la gente joven que nos iluminan con sus ideas y propuestas. Existe voluntad de hacer las cosas de otra manera. Soy optimista: es posible dejar atrás las guerras y conseguir la paz definitiva en el mundo entero; pero me temo que aún nos falta mucho por sufrir

jueves, 13 de junio de 2019

Algunas preguntas


¿Cuántas agencias, observatorios y entes de diferente pelaje y procedencia consumen recursos públicos y no sirven para nada?
¿Cuánta estulticia presentada en formato de sesudos informes plomizos y enrocados en un lenguaje incomprensible para el común de los mortales?
¿Cuántas bobadas nos presentan como actualidad informativa?
¿Cuántas previsiones, reuniones internacionales, cumbres y demás actividades pastoriles se organizan sabiendo que no tienen utilidad?
¿Cuántos estómagos agradecidos por tanta necedad?

miércoles, 12 de junio de 2019

Escritura automática


No, no voy a hablar de ese proceso casi paranormal por el que algunas personas escriben en una especie de arrebatamiento o hipnosis, sino de algo más prosaico. Con la expresión “escritura automática” me refiero a la actividad consistente en escribir de forma habitual y diaria un número mínimo de palabras y folios. En eso consiste el oficio de escritor: escribir.
En estos tiempos de escritores a mansalva, quien más o menos hace sus intentos; pero no nos engañemos, escribir requiere de mucha disciplina, hasta tal punto que se adquiere cierto automatismo. Me levanto por las mañanas… y escribo. Los hay que escriben por la tarde, después de realizar otro trabajo, o por la noche. Lo importante es escribir cada día. Mi meta son diez folios diarios, de lunes a viernes. Mucho de lo que plasmo en el papel (sí, sigo escribiendo a lapicero o bolígrafo), va a la papelera días después; sin embargo, ahí radica la clave. Todo lo que desarrollo está hecho con el corazón. Después viene la corrección con el razonamiento y el análisis. Es un proceso. Creo que la mayoría de los escritores lo hacen así. Es indiferente si escribes prosa o poesía, novela, ensayo o teatro. Dejo aparte los artículos y comentarios en blogs y foros, pues en ellos prevalece la inmediatez y uno se puede permitir ciertas licencias.
Vivimos estableciendo rutinas y afrontamos obstáculos y retos. El escritor no queda al margen de ellas y esto le permite construir una obra. 

Abrazarse, acogerse, amarse


Dos manos que se agarran. Dos personas. Dos mundos. Dos cosmovisiones... pero permanecen ahí, unidos. La fotografía puede verse en horizontal o vertical. En cualquier caso evoca acercamiento, ayuda, generosidad, amor.
En estos tiempos de nuevos éxodos, de emigrantes forzados y sufrimiento inimaginable, tender la mano, ofrecer sin preguntar, acoger sin medida, ahí está la clave. Las demás consideraciones son cuestiones políticas, ajenas a la ´resonancia` de los corazones.

Hijos de la luz


Porque todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas. (1 Tesalonicenses 5:5)

Los críticos se recrean en el lodazal


Me dicen que soy serio, 
que estoy solo,
que no busco compañía,
que soy un castellano viejo
pasado de moda,
como de otro tiempo.

Me dicen que vivo la vida,
que no me preocupo,
que no siento.

Me dicen que soy misterioso,
que no muestro mis sentimientos,
que estoy escondido y alejado.

Me lo dicen los que no ven y juzgan,
los que no saben y hablan,
los que aparentan humildad,
los que venden su imagen solidaria;
pero atesoran muerte en sus casas,
los que buscan prestigio
a lomos de otras espaldas,
los que convierten la oración en teatro
y el vivir en puro engaño.

Esos puritanos modernos
me lo dicen,
mientras sonrío y dejo atrás
el vapor  destilado
por hombres de juicios huecos.

martes, 11 de junio de 2019

Ecología profunda

La destrucción de la naturaleza representa una de las grandes preocupaciones del mundo contemporáneo. El continuo deterioro de los ecosistemas de nuestro planeta y la alteración de los delicados equilibrios sustentadores de la vida, constituyen graves problemas que deberemos resolver durante los próximos años. Prueba de ellos son las conferencias sobre Medio Ambiente y Desarrollo organizadas y patrocinadas por las Naciones Unidas, la puesta en marcha de ministerios y organismos nacionales e internacionales de diverso tipo para la defensa de la naturaleza, el desarrollo del acervo legislativo en materia ambiental, el surgimiento de partidos políticos cuyo ideario está inspirado en la problemática que nos ocupa, y la movilización y creación de numerosas organizaciones no gubernamentales. No menos interés demuestran las grandes religiones por el inquietante problema ecológico.
Enmarcada en esta preocupación mundial ha ido adquiriendo fuerza la ideología ecológica, conocida con el nombre de Ecología profunda (deep ecology). En síntesis constituye un sistema de pensamiento de carácter radical que, partiendo del problema ecológico, busca realizar una crítica de los fundamentos culturales del mundo occidental.
Sobre este tema hablo en "La noche de los gatos"...



San Silouan, el Athonita


Me llega un libro muy interesante que he empezado a leer casi de un ´tirón`, como suele decirse. Se titula "San Silouan el Athonita", editado por Ediciones Encuentro.
La historia merece atención, tal como se refleja en la contraportada:
"En otoño de 1892 un joven campesino ruso -su nombre de pila es Simeón- llega, procedente de la provincia de Tambov, a la Santa Montaña  del Athos. Ha finalizado su servicio militar y se dirige ahora al Monasterio ruso de San Pantaléimon; emprende allí un prolongado combate espiritual hasta su muerte en 1938. Aunque inculto en el sentido usual del término -dos inviernos en la escuela de su aldea son su único bagaje intelectual-, su denodado esfuerzo ascético le depara una experiencia personal del cristianismo idéntica a la de muchos Padres ascetas antiguos. El Stárets Silouan fue canonizado por el Patriarcado ecuménico de la Iglesia Ortodoxa en 1988.
Un Stárets -anciano (Mt 15,2; Mc 7,3)- es un monje cuya experiencia ascética le ha otorgado sabiduría, penetración y capacidad de guiar a los demás".

El libro tiene 433 páginas.
Impresionan las primeras frases que nos ofrecen una idea de por dónde van los tiros:

La Revelación nos dice: «Dios es Amor», -Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna» (1 Jn 4,8; 1,5). ¡Qué difícil nos es, a nosotros hombres, aceptar estas palabras! Difícil, porque nuestra propia vida y la del mundo entero que nos rodea muestran más bien lo contrario. ¿Dónde se halla, en efecto, esta Luz del Amor del Padre, si llegados al ocaso de nuestras vidas, con la amargura en el corazón, debemos reconocer con Job: "Mis mejores proyectos, los deseos más queridos de mi corazón, se han roto. Mis días han huido. El lugar de los muertos será mi casa..., dónde está, pues, mi esperanza? Y aquello que, desde mi juventud, mi corazón, secreta pero ardientemente, perseguía ¿quién lo verá?» (Job 17,11.15). Cristo mismo atestigua que Dios, en su Providencia, vela atentamente por toda la creación. Se acuerda del más pequeño de los pájaros, y cuida incluso de la hierba del campo. Su solicitud por los hombres es todavía incomparablemente más grande, hasta el punto de que -todos los cabellos están contados- (Mt 10,300- Pero ¿dónde se encuentra esta Providencia que vela hasta por los menores detalles? listamos abrumados por el espectáculo del desencadenamiento incontenible del mal en el mundo. Millones de vidas, con frecuencia apenas iniciadas, antes incluso de que hayan adquirido conciencia de sí mismas, son arrancadas con increíble crueldad. ¿Por qué, entonces, esta vida absurda nos ha sido dada? Y el alma ansia encontrar a Dios y decirle: v;Por qué me diste la vida?... Estoy colmado de sufrimientos; las tinieblas me rodean. ¿Por qué te escondes de mí?... Sé que eres bueno, pero ¿cómo eres tan indiferente a mi dolor?». 7 «¿Por qué eres tan cruel, tan implacable conmigo?". «No puedo comprenderte». 

lunes, 10 de junio de 2019

Reflexión sobre poesía mística


Desarrollo en esta postal el tema que ya expuse en tres episodios de "La noche de los gatos", añadiendo algunas reflexiones complementarias.

Empecemos con una pregunta: ¿tiene sentido la poesía mística en nuestros días? Algunas personas pensarán que la pregunta es ociosa, porque incluyen a la poesía mística en una actividad literaria propia de unos pocos “iluminados” que, como tal, sirve para el entretenimiento y nada más. Siempre se ha visto en el poeta la figura bohemia del artista pobre y algo raro. Hasta cierto punto es normal. Lo más natural es que el poeta –como cualquier artista verdadero- no esté polarizado hacia el dinero o el poder. Pero la cuestión no es baladí. En este mundo materialista la poesía en general –y la mística en particular- tiene más sentido que nunca.
El poeta místico, presente en todas las tradiciones religiosas, es tal poeta en cuanto poseedor de unas vivencias extremas manifestadas por su sensibilidad, de suerte que utiliza la expresión poética como “vía de escape” para no perecer en su mundo interior. Su problema parece ser la incomprensión de sus contemporáneos, como queda recogido en la historia de algunos hombres y mujeres místicos, poetas y perseguidos por sus respectivas religiones, quizá porque sus escritos representan un cierto relativismo de los dogmas de fe, o porque sus personalidades resultan incómodas por la verdad que proclaman. Estas personas no se esconden tras la diplomacia y lo políticamente correcto. Para ellos, su poesía, sus experiencias, son la “razón vital” de la que hablaba Ortega y Gasset. Es la vida en su expresión infinitamente bella, superior a la realidad social que les ha tocado vivir. Pero la poesía mística no es sólo individualidad, es más, no es sólo género literario y filología, como pretendía Unamuno. Ella trasciende las fronteras de la creación artística y se mueve con soltura en muchas otras disciplinas. El poeta místico, que no hace otra cosa que expresar sus más íntimos deseos, contribuye de forma notable al desarrollo cultural y religioso de la Humanidad.
¿Qué sería del mundo sin poetas?, se preguntaba el romántico. ¿Qué sería del mundo sin místicos?, nos preguntamos nosotros. La mística es la puerta a la última dimensión, y el poeta la herramienta que nos permite confirmarla; es el otro, un ser de carne y hueso como nosotros, que nos dice: “esta es mi experiencia, tú puedes seguir el mismo camino”. La poesía mística constituye, por tanto, una actividad que canaliza nuestros deseos, tanto personales como colectivos, cohesiona ideas y favorece el desarrollo intelectual y ético de la sociedad. En cualquier caso, sin el ejercicio poético no existirían las matemáticas, que son la base de las ciencias formales, ni la ética, que es uno de los cimientos sobre el que construimos nuestras sociedades. Sin poesía nuestro mundo sería incomprensible, meramente instintivo y animal.
Hoy día hay un renovado interés por ofrecer nuevas respuestas a la pregunta clásica: ¿Qué es el hombre? Numerosos científicos ofrecen respuestas complejas, meramente biológicas, que pueden ser válidas en el ámbito de la actividad empírica y positivista, pero insuficientes para la comprensión de la naturaleza humana. Otros, como los paleoantropólogos Yves Coppers y Pascal Picq, buscan el atributo que distingue al hombre de las demás especies animales, porque “la bipedación, la caza, la vida social, la conciencia o la risa son características que compartimos con los chimpancés”, esto es, aquellos atributos que pensábamos exclusivos de nuestra especie, también están en menor o mayor grado en otras especies filogenéticamente próximas a nosotros; por tanto se puede llegar a pensar que no hay distinción real entre el ser humano y los demás animales.

Sodoma


No suelo leer libros sobre temas eclesiásticos. En primer lugar porque buscan el sensacionalismo. En segundo lugar porque suelen ser poco rigurosos o se limitan a describir cuestiones muy especializadas y puntuales; sin embargo, he leído ´Sodoma` de Frédéric Martel, un libro publicado hace algunos meses que me ha dejado un buen amigo con insistencia de leerlo.  Y así lo he hecho.
El libro está bien escrito, estructurado de una forma amena, con ciertos pasajes que recuerdan más una novela que un ensayo; pero se trata de un estudio profundo y meticuloso sobre la homosexualidad y sus consecuencias en el seno de la Iglesia Católica y, más en concreto, en el ámbito puramente eclesiástico, en la institución eclesiástica, pues la Iglesia Católica es algo más que sus papas, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos, monjes y monjas. Por tanto, no es un libro contra la Iglesia Católica, como han dicho algunos críticos, sino contra determinados elementos y prácticas de la institución. Y claro, ahí, en esa institución bimilenaria y bien engrasada, hay de todo. Santos y golfos, sabios y bobos, heterosexuales y homosexuales, clérigos honrados y dignísimos, y auténticos delincuentes.
´Sodoma` no es un libro agradable de leer y, por consiguiente, no es recomendable "para todos los públicos". Contiene pasajes claramente ofensivos y no contrastados, opinión más que análisis objetivo, y cierto sensacionalismo junto con descripciones novelescas que le restan credibilidad puesto que resulta imposible demostrar lo que afirman. Estos son los fallos que le he encontrado, junto al intento --probablemente inconsciente- de su autor, por adornarse y atribuirse una importancia que no es tal, pues existe una amplia bibliografía sobre la historia de la Iglesia, donde se habla de todo. 
A pesar de estos ´peros`, ´Sodoma` es demoledor. Constituye en su conjunto un argumentario que refleja una parte clave para entender la realidad de la institución eclesiástica. Aunque solo el 10% de lo que afirma su autor fuera cierto, bastaría para producir nauseas. En efecto, por sus páginas nos enteramos de aspectos sí contrastados y confirmados incluso por el propio Vaticano, como el caso Marciel Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, y otros casos de obispos y cardenales a los que el autor dedica una atención profunda y ofrece datos contrastables.
También habla de la pederastia, la homosexualidad de muchos clérigos e incluso de papas, de la doble vida que llevan numerosos sacerdotes y religiosos, bien practicando su homosexualidad o heterosexualidad, etc.
Al acabar de leerlo uno se queda con sensación de tristeza, gran tristeza, dada la crudeza de lo narrado y el aspecto absolutamente anticristiano que impera en determinados sectores de la Iglesia Católica. Pero lo más triste no es lo narrado por Martel, sino constatar que -y esto puede hacerse sin leer dicho libro- que la institución eclesiástica ha ocultado sistemáticamente hechos muy graves y que lo sigue haciendo, solo actuando a remolque de la información publicada por los medios de comunicación y en las redes sociales. Lamentable.
El papa Francisco aparece casi como un héroe, intentando poner fin a prácticas antievangélicas y que pueden ser juzgadas no solo por el código de derecho canónico, sino por el código penal. Pero lo tiene difícil. Un papa que quiere poner en práctica el evangelio es un papa poco querido en los círculos políticos vaticanos. 
¿Serán los laicos los que arreglen el desaguisado? El tiempo lo dirá.

Poesía mística 3

Tercera y última parte del estudio sobre poesía mística.
El poeta que invoca a lo sagrado bajo sus nombres simbólicos, expresándose a sí mismo y a su mundo, entra en una relación especial y excepcional. Por eso el carácter relacional del poema debe tenerse en cuenta en su lenguaje y forma. En realidad es lo propiamente decisivo. En el poema se trata siempre de abrirse a sí mismo –y juntamente con todas las cosas- hacia el interior de la Divinidad, de modo que esta interioridad divina aúna el todo del poema y marca su tono. Por ello, ni la cara antropológica de la poesía ni su vertiente mundana, inherente a la primera, tienen consistencia en sí y para sí, no se aducen por sí mismas. Más bien, todo aduce en tanto adquiere un carácter fluido entrando así en el torrente transitivo: ¡Desde mi mismidad hacia Ti, oh Dios!


sábado, 8 de junio de 2019

Sobre poesía mística (segunda parte)

Comparto la segunda entrega que dedico a analizar la "poesía mística". Sigo explorando la dimensión mística de la poesía. El poeta es la herramienta que nos permite confirmarla; es el otro, un ser de carne y hueso como nosotros, que nos dice: “esta es mi experiencia, tú puedes seguir el mismo camino”. La poesía mística constituye, por tanto, una actividad que canaliza nuestros deseos, tanto personales como colectivos, cohesiona ideas y favorece el desarrollo intelectual y ético de la sociedad.

La relación ciencia y fe, imprescindible en el camino del bienestar humano


Según pasan los años me intereso más por determinadas cuestiones de tipo filosófico y teológico. Siempre tuve una especial inclinación hacia el estudio del conocimiento humano y, más en concreto, a la reflexión sobre el quehacer científico y el binomio ciencia — fe. Dicha reflexión es fundamental en nuestros días, más si cabe por la propia evolución de nuestra civilización, donde surgen cada vez más problemas y retos de enorme complejidad. Creo sinceramente que se necesita articular una epistemología diferente a la conocida, pues incluso los métodos científicos, su validación y valoración, así como la política involucrada en la investigación y el desarrollo, han adquirido un notable grado de sofisticación y también son susceptibles de amenazas y fraudes. De este ejercicio intelectual debe emerger una nueva conciencia científica. Por extensión, con el resultado obtenido podrá abordarse con mayor precisión la relación de la ciencia con la fe y la religión. ¿Por qué explorar dicha relación? En mi opinión por la necesidad urgente que tenemos de encontrar un marco definitivo para la paz. En este ámbito, no podemos olvidar que de las religiones y sus confluencias con la ciencia, la filosofía y otras disciplinas artísticas y sociales, emergerá una humanidad que pueda finalmente dejar atrás la violencia. A diferencia de numerosos científicos y pensadores, opino que las religiones seguirán teniendo en el futuro un papel determinante para articular espacios de convivencia, pues lo religioso caracteriza al ser humano y no puede ser sustituido por una elaborada doctrina de corte científico sincretista. Se han realizado intentos en el pasado que constituyeron sonados fracasos y en la actualidad hay experimentos sociales que indefectiblemente fracasarán también.

viernes, 7 de junio de 2019

Emili M. Boïls, en Ars Templis

Emili M. Boïls

Emili es amigo y maestro, hombre de fe profunda, místico, religioso, ajeno a la corrección política, independiente, humilde, ...
Estas últimas semanas hemos hablado de iniciar la edición de sus obras en "Ars Templis", y así lo haremos -si Dios quiere-, poniendo en circulación a partir de septiembre de 2019 obras nuevas y otras cuyas ediciones están agotadas, resultando muy conveniente ponerlas al alcance del público, especialmente joven, ediciones agotadas que ahora, gracias a su generoso ofrecimiento, tendré el placer de editar, en papel, por supuesto, y también algunas en edición bilingüe castellano valenciano.
Su trabajo abarca varios géneros: poesía, ensayo religioso, novela, epistolar,... es la memoria viva de un tiempo muy importante de la historia de España en general, y de la Iglesia Católica en particular.
Adjunto su biografía.


Poeta, narrador y religioso español, nacido en Valencia, (España). Tras haber cursado estudios de bachillerato, sintió la llamada de una poderosa vocación religiosa que habría de llevarle, unos años después, a fundar en compañía de otros hermanos Las Fraternidades de la Amistad, una congregación dedicada a la atención y el auxilio de los grupos sociales marginados.

Al tiempo que desarrollaba estas obras piadosas, Emili M. Boïls fue creando una interesante trayectoria literaria, que, escrita en su lengua vernácula, comprende varios títulos de poesía y prosa. Entre sus obras poéticas más sobresalientes, cabe citar Nissaga. Poemes incivils (Valencia: Lindes 1977) y Les cuatre estacions i un testament (Catarroja, Valencia: Ayuntamiento, 1983), esta última galardonada con el premio Pascual Assins de poesía. Llibre dels temps. El Missatger. Poemes. 1972. En su faceta prosista, ha publicado una narración extensa titulada Els Qüaderns d’Emili Coniller (Valencia: editorial Gorg 1973), obra que, como buena parte del resto de su producción impresa, ha sido traducida al idioma portugués. El resto de su obra se completa de varias entregas de teología moral, entre las que conviene recordar aquí las tituladas La Mar de Dios: de intimidades, de añoranzas y de presencias (Madrid: Narcéa, 1994) y El missatger ferit (Barcelona: Publicacions de l’Abadía de Montserrat, S.A, 1993), obra cuyo éxito entre los lectores catalanes parlantes aconsejó su inmediata traducción al castellano, de la que, bajo el mismo título de El mensajero herido, salieron dos ediciones antes de que hubiera concluido aquel año de la publicación de su versión original (Barcelona: Publicaciones Horeb 1993; y Barcelona: Ediciones STJ, 1993). Orar con Carlos de Foucauld. Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld. Barcelona, 2016. La ermita abierta. 2017 Universa Terra. Espigas sueltas. Aforismos. Proverbios. Amazon. 2018.